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domingo, 19 de diciembre de 2010

Contra el Estado de negacion

Página 12 RADAR
Domingo, 19 de diciembre de 2010


ENTREVISTAS > TANER AKçAM, EL ESPECIALISTA EN EL GENOCIDIO ARMENIO, DE VISITA EN BUENOS AIRES

Contra el Estado de negacion
Fue militante de izquierda en una Turquía donde su padre era sindicalista docente, en las calles se marchaba contra el Imperialismo y la guerra de Vietnam y la juventud se organizaba en pos de reformas revolucionarias. Hasta que cayó preso y el fiscal pidió 700 años. A los tres se escapó cavando un pozo y huyó a Alemania, donde su vida cambió para siempre: se volvió investigador y dio con una pista que unía los juicios de Nuremberg con los juicios de 1919-1922 realizados en Estambul, y se convirtió en el principal referente del silenciado genocidio armenio. Exiliado, recién en 1999 pudo volver a su país. De paso por Buenos Aires para presentar su último libro, Un acto vergonzoso. El genocidio armenio y la cuestión de la responsabilidad turca (Colihue), Radar habló con el sociólogo e historiador Taner Akçam sobre su vida, su investigación y el titánico trabajo de luchar contra un Estado turco que se empecina en negar uno de los mayores genocidios de la era moderna.


Por Martín Granovsky

Nacido en Turquía en 1953, Taner Akçam estuvo preso por su actividad como dirigente universitario de izquierda. Logró fugarse, y cuando emprendió una nueva carrera académica descubrió el genocidio armenio cometido por los turcos desde 1915 con más de un millón de víctimas. Akçam no vive más en Turquía, aunque desde 1999 está autorizado a visitar su país natal.

–Hoy me defino como un outsider –dice Akçam al hablar de Un acto vergonzoso, su trabajo editado por Colihue con el auspicio de la Fundación Luisa Hairabedian–. Un maverick, en inglés. Pero eso no significa que las cosas no me importen. Al contrario. Vivo intensamente la vida y lo que ocurre con la política y las garantías individuales.

Con la carga de cada cosa.

–Con la carga, con los cambios, con las novedades, con lo malo, con lo bueno... Yo en los años ‘60 era un dirigente estudiantil. Por supuesto que en 1968 fui un admirador del Mayo Francés y de las protestas en los Estados Unidos. Sé poco de la Argentina, de Uruguay y de Chile, pero lo suficiente para conocer que aquí, en esta región del mundo, los estudiantes tenían sus propias realidades y también miraban hacia París o hacia Berkeley. Sus realidades eran las de América latina. Las nuestras, las propias de Turquía. Y muchos estudiantes del mundo estaban envueltos en aquel clima de rebeldía, que en algunos países se combinaba con la lucha contra regímenes militares. Era el caso de ustedes, ¿no?

Sí. En 1968 gobernaba el general Juan Carlos Onganía, que había asumido en 1966, y esa dictadura terminaría el 25 de mayo de 1973.

–Al mismo tiempo, le cuento que crecí en una familia muy politizada. Mi padre era dirigente sindical. Se desempeñaba como secretario general del sindicato docente. Eso fue muy importante en mi socialización. Pertenecía a una familia de izquierda, y yo mismo terminé siendo un dirigente de la izquierda en la universidad. Era un marxista con formación incluida. Pero además tenga en cuenta que la tradición de izquierda se combinaba con una ideología secularista, laica, que venía de Mustafá Kemal Ataturk. Comprender el Islam, por ejemplo, era un problema para gente como mi padre. Y le diría, en general, que era un problema comprender la religión. La religión era vista apenas como una forma de fidelización de las masas, y a eso se oponía, entre los progresistas, una visión occidentalista. Recuerdo cuando mi hermano mayor fue a prisión. Un impacto para mí.

¿Por qué fue preso y por qué le impactó?

–¿Qué podía hacer en esa época? Participar en manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Directo a la prisión. Una semana. Lo fui a visitar al cuartel de la policía donde estaba detenido. Yo tendría unos 14 o 15 años y fue un shock. Después, en uno de los golpes militares de esa época, que fue inestable en Turquía, mi padre también fue preso.

No por Vietnam.

–No, en su caso tenía un motivo propio: lo arrestaron por su actividad sindical. O sea que, ya ve: guerra de Vietnam, movimientos estudiantiles, rebeldía, un padre gremialista y docente... En 1973, Turquía vivió un período de mayor democracia y el movimiento estudiantil emergió otra vez. Algunos de los líderes tenían prestigio y habían sufrido mucho. Hubo casos de tortura y eso también fue otro impacto fuerte en mi vida. Así me convertí en líder del movimiento estudiantil de Ankara. Queríamos una educación más democrática con representación de los estudiantes.

En la Argentina, las dictaduras no respetaron la conquista, pero eso se logró con la Reforma Universitaria de 1918.

–Nosotros queríamos lo mismo. Era un plano doble, por supuesto. Buscábamos una educación más democrática y pensábamos que la democratización en general sería un primer escalón para llegar al socialismo. Fui director de Juventud Revolucionaria, una publicación que comenzamos a sacar. Y entonces empecé a transitar por experiencias nuevas, porque publicar ciertas cosas era peligroso en cualquier situación. Considere, por ejemplo, que, a comienzos de los años ‘70, Turquía copió una ley que había implantado Benito Mussolini en Italia. Prohibía hasta la sola mención de la existencia de la lucha de clases e incluso de la existencia de clases sociales.

Esas cosas raras no existían en Turquía.

–No. Querían convencer a la población de que se trataba de un país absolutamente homogéneo donde los ciudadanos eran perfectamente iguales. Y la propaganda comunista, o lo que fuese considerado propaganda comunista, como pensar diferente, se penaba con diez años de prisión. Todo era delito. Hablar de dominación era un crimen. Decir la palabra kurdo era un crimen.

¿Y cómo se nombraba un kurdo?

–Un turco de la zona montañosa. Más allá de ahí, castigo severo. Por supuesto, terminé arrestado. Fue en 1976. El fiscal sumó acusaciones y pidió 700 años de prisión.

Veo que no los cumplió.

–No. Me quitaron la libertad y me arruinaron la carrera que estudiaba en aquel momento. Yo quería un Master en Economía para seguir un posgrado en la London School of Economics. Era mi sueño. Por suerte el arresto fue tan arbitrario que el mío se convirtió en un caso famoso, a tal punto que Amnistía Internacional lo tomó como un emblema. Para ellos yo era prisionero de conciencia y así me empezaron a presentar ante el mundo en sus denuncias.

¿Amnistía Internacional logró liberarlo?

–No llegaron. A pesar de los 700 años que pidió el fiscal, me condenaron a ocho años, nueve meses y 20 días en la cárcel. Se lo digo así, con exactitud. Pero estuve tres años preso. Tal vez usted lo haya escuchado de presos políticos en la Argentina, pero quiero decirle que la cárcel fue mi segunda universidad. Era lo que pensaban entonces los dirigentes de izquierda. Si eras marxista, eras bueno. Si además te tocaba la cárcel, eras doblemente bueno. Estaba con otros estudiantes, con otros dirigentes políticos. Hablábamos mucho. Y un día, hablando, unos decidimos escaparnos.

¿Cómo se escaparon?

–Cavamos un pozo durante dos meses, con muchísimo cuidado de no hacer ruido ni dejar rastros de tierra, y al fin salimos del otro lado. Me habían conseguido un pasaporte falsificado. Logré cruzar Turquía, salir del país y llegar a Alemania. Me arrestaron. Tenía miedo de que me deportaran, porque sabía que la pena en una prisión turca sería aún mayor que antes, hasta que después de dos meses y medio en Munich me anunciaron que había llegado a verme un abogado. Otro prisionero me recomendó que en ese momento revelara mi verdadera identidad. Se la dije al abogado. Sonrió y me dijo: “Ya sé, Taner, pero quería comprobarlo. Tu papá está ahí afuera”. Claro, otra vez había contactado a Amnistía Internacional, que volvió a tomar mi caso. Todavía sigo en contacto con la gente de AI que conocí en esa época. No sabe qué agradecido estoy con ellos...

Usted es turco y es experto en genocidio armenio. En su relato me habló de los kurdos y la guerra de Vietnam, y hasta de la eliminación de las clases sociales por decreto, pero el exterminio de los armenios no apareció.

–Es que ni yo tenía idea real del tema en ese momento. En Turquía no habían quedado huellas. Ni Historia. Empecé a interesarme por el tema en 1988, en Hamburgo, en un instituto de investigación social. El director era hijo de un amigo de Heinrich Himmler, el jefe de las SS de Adolf Hitler. A ese amigo, Himmler le había dado la concesión del comercio de tabaco. Bueno, su hijo, el director del instituto, heredó el dinero de su padre y decidió que el mejor destino que podía darle era financiar investigaciones sobre lo que había ocurrido en Alemania. Empecé a estudiar la teoría de la tortura, que era uno de los temas del instituto. Mi objetivo, ya no en la Economía, volvía a ser convertirme en un investigador. Me interesé mucho en la Filosofía. Tomé cursos sobre Max Weber, sobre Hegel, sobre Kant, sobre Marx. Se me ocurrió que como tema de doctorado estudiaría la historia de la tortura en Turquía. A esa altura había dejado de ser un marxista. De cualquier manera, para mí Marx es tan respetable como Aristóteles. No habría pensamiento lógico sin ellos dos.

Disculpe, estuve en Alemania por primera vez en 1988. Creo que no fue un año cualquiera. Recuerdo que en muchas ciudades había memoriales o instalaciones por los 50 años de la Noche de Cristal, cuando los nazis atacaron a los judíos de Berlín.

–Efectivamente, ése fue un disparador muy importante de muchos estudios alemanes y se generó un clima de estímulo a proyectos como el mío. Al principio, como suele suceder, mi proyecto era enorme. Estudiaría el Imperio Otomano de fines del siglo XIX y los pogroms, con masacres de 8 o 10 mil personas. Haría una macroteoría de Auschwitz, de los gulags soviéticos, de la bomba atómica de Hiroshima. Mi objeto de estudio se acotó cuando puse la lupa sobre los juicios de Nuremberg contra los nazis. Descubrí que habían tomado elementos de los juicios de 1919-1922 realizados en Estambul para juzgar la matanza de los armenios. Ahí es cuando surge la noción de crimen contra la humanidad. Se realizaron 63 juicios con 16 sentencias a la pena de muerte, algunas de ellas en ausencia de los condenados. Hubo tres ahorcados. ¿Y por qué? Por haber participado en un asesinato masivo. A esa altura había conseguido documentos.

¿Actuaron tribunales civiles?

–No, militares. Con esos documentos extendí el propósito de mi investigación. Ya no abarcaría sólo el funcionamiento de los tribunales sino el genocidio.

¿Por qué, si la historia posterior buscaba la homogeneidad en la descripción de los hechos, se produjeron esos juicios?

–Porque entre 1919 y 1922 hubo una brecha en la continuidad que venía de antes y volvería ese último año. El propio Ataturk estuvo en un momento contra la matanza, que fue calificada de “acto vergonzoso”.

¿Cuál fue la razón por la que antes y después ese genocidio fue negado?

–Porque se trataba de alimentar la idea de una victoria nacional contra el poder imperialista. En 1923 se dejó la historia en cero. Y ahí comenzó todo. Una nación recién nacida que, como todo recién nacido, no tenía nada que recordar sino toda una vida por vivir. Claro, parecía una nación creada a partir de la nada.

¿Sigue siendo así?

–Desde 2002 hay un cambio en la elite turca. Un cierto conflicto de la nueva guardia con la vieja. No sabemos todavía qué profundidad alcanzará, pero de todos modos una fisura siempre es positiva en estos casos. Tenga en cuenta que la posición estatal se ve reforzada por la intervención militar turca en Chipre, en la década de 1970.

En aquel período de brecha que usted describió, también Turquía combatió contra los griegos y resultó victoriosa.

–Es que existe, por eso, una tradición de invencibilidad que fortalece las posiciones cerradas del Estado turco y les garantiza apoyo de clase media a los militares en distintos momentos de la historia. Hoy le puedo decir algo con toda certeza: ¿sabe cuál es la característica principal del genocidio armenio? Haberlo negado con tanta persistencia. Por eso la masacre de armenios incluyó la eliminación de grupos enteros de intelectuales. Eso logró que a los armenios les llevara 50 o 60 años volver a juntar fuerzas, energía y conocimiento para reconstruir su propio pasado. Primero hay que sobrevivir, después integrarse y comer, y recién en tercer lugar se puede reflexionar.

¿Puede explicar mejor el mecanismo estatal de negación?

–En Turquía es explícito. Está en la Constitución y es atribución del Consejo Nacional de Seguridad. Hay, además, un comité especial para luchar contra la idea del genocidio. Cuando digo Constitución, Consejo y comité, digo presupuesto y burocracia. Desde 1999 voy a Turquía todos los años a visitar a mi familia y a mantener contactos académicos. Y cada vez me convenzo más, sobre la base de nuevos documentos y de nuevas reflexiones, acerca de las peculiaridades de cada genocidio del siglo XX. En el genocidio armenio, lo más saliente fue la negación. En la Shoá cometida por el nazismo, la perfección del asesinato masivo. Y en Ruanda, la velocidad de la matanza.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Entrevista al historiador de origen turco Taner Akçam


Entrevista realizada por Andrés Minassian
Traducción por Agustín Alberto Fertonani

Entrevista concedida por la Fundación Luisa Hairabedian; y realizada al historiador y sociólogo turco Dr. Taner Akçam en el Hotel Wilton, Buenos Aires el día 25/11/2010 a las 12.30 hs.

Entrevistador – Buenos días prof. Taner Akçam, es un placer poder realizarle una entrevista a Ud.

Taner Akçam – El placer es mío.

E. – ¿Cuál sería su análisis a cerca del proceso de los “Protocolos” entre Turquía y Armenia?

T. A. – Seguí de cerca los protocolos y sigo pensando que fue un buen paso en la dirección correcta. Estoy realmente muy triste de que el gobierno turco no haya cumplido con los requisitos y con lo que estaba escrito de los protocolos. Está claramente entendido en ellos que no habría lazos vinculantes con el conflicto de Nagorno Karabagh. Turquía ligó los protocolos con el Conflicto de Karabagh, y fue un gran error del lado turco. Creo que el gobierno armenio hizo un movimiento muy inteligente a través de estos protocolos y ellos siguieron una política muy astuta. Hoy, mi punto de vista, es que Turquía cumplió con los requisitos de los protocolos, y tenemos una relación diplomática entre Turquía y Armenia. Personalmente considero que el establecimiento de relaciones diplomáticas es una precondición muy importante en el camino del reconocimiento del Genocidio Armenio. Sin el establecimiento de relaciones diplomáticas, la cuestión del genocidio no puede ser resuelta fácilmente.

E. – Entonces, ¿Usted cree que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Turquía y Armenia es la clave para el reconocimiento del Genocidio Armenio?

T. A. – Para mí es un hito importante para la normalización, el reconocimiento porque si Turquía y Armenia siguen siendo países enemigos, con animosidad entre cada uno de ellos, no pueden hablar de los problemas del pasado. Solamente Francia pudo resolver las diferencias entre ellos. Los enemigos sólo pueden pelear. Entonces, la normalización de las relaciones entre Turquía y Armenia es muy importante, y una precondición para el proceso de reconocimiento.

E. – ¿Cuál es su opinión con respecto a la precondiciones del gobierno turco con respecto a la comisión de historiadores y la cuestión de Nagorno Karabagh?

T. A. – El tema de la comisión de historiadores es un tema muy complicado para analizar. Mi entendimiento es que en los protocolos no está claramente definido, y creo que ambas partes lo hicieron conscientemente para darle posibilidades a ambas partes de interpretar la declaración escrita a su propia manera. Turquía entendió desde los protocolos que debería haber una comisión de historiadores para decidir si lo de 1915 es un genocidio o no. Y la parte armenia definió claramente que ellos no entienden a los protocolos, en lo formal, lo relacionado al establecimiento de una comisión de historiadores en el genocidio. Entonces, tenemos dos interpretaciones diferentes del tema de la comisión de historiadores basadas en la formulación inicial de los protocolos. Esto es muy normal en diplomacia. Tú puedes hacer eso para permitir a ambas partes interpretar las declaraciones por escrito según diferentes perspectivas. La cuestión mayor sería si una comisión de historiadores sobre lo sucedido en 1915, el Genocidio, puede ser establecida o no puede ser establecida. Es una buena idea, si esta comisión debe decidir qué es 1915 y cómo se debe decidir lo de 1915. No creo que ese tipo de comisión tenga una chance en absoluto de resolver el problema por una simple razón: nadie, los investigadores como yo o la Comunidad Armenia o la opinión pública internacional van a cambiar sus opiniones por la decisión inteligente de una comisión. Entonces, una comisión de historiadores puede ser establecida tú realmente defines el rol de la comisión. Si miramos los ejemplos en el mundo, alemanes y checos, alemanes y polacos, u otros ejemplos, como Japón y Corea, Japón y China, son algunos ejemplos de comisiones de historiadores, y estas comisiones pudieron ser establecidas en cuestiones específicas. Le puedo dar un ejemplo: una comisión de historiadores en el número de armenios que vivieron en el Imperio Otomano puede ser establecida porque no tenemos números iguales, cuántos armenios vivían en el siglo XlX, cuántos armenios vivían en 1915. Una comisión de historiadores, específicamente en la cuestión demográfica puede ser establecida. Ve a los archivos, haz una investigación y publica los números, puede ser una cosa útil. Entonces, una comisión de historiadores para mejorar la opinión pública, para crear una atmósfera de discusión puede ser establecida, no tengo ninguna oposición para eso. Pero una comisión específica de historiadores para la cuestión del Genocidio no tiene ninguna chance de ser establecida, y también no fue la intención del gobierno armenio.

E. – Después de 95 años de transcurrido el Genocidio Armenio ¿Cree que es conveniente una nueva lectura de este evento desde la historia? ¿Existe un nuevo enfoque o tendencia a cerca del Genocidio Armenio desde la academia de historiadores?

T. A. – Creo que hay una nueva generación de investigadores y hay un cambio en el análisis del Genocidio Armenio. Te puedo dar 2 elementos básicos a cerca de esto: uno es que hasta hace poco gran parte del trabajo erudito era de origen armenio. Ellos desarrollan lo que llamamos una especie de “perspectiva de las víctimas”. Analizan y escriben el Genocidio Armenio desde el punto de vista de las víctimas. Y en ese contexto los perpetradores fueron los “otros”. Ellos (perpetradores) estaban como los “asesinos”. En ese tipo de análisis académico tú no puedes encontrar nada a cerca de los motivos o la mentalidad de los perpetradores. Ellos fueron una especie de demonios en estos libros. Mi contribución o la de las nuevas generaciones es que desarrollamos un tipo de análisis del Genocidio Armenio desde el punto de vista de los perpetradores. Tratamos de representar, explicar las mentalidades de los perpetradores, por qué ellos cometieron este genocidio, desarrollar un análisis a cerca de las razones de los crímenes puede hacer una idea de ello. Este es un cambio importante con mi investigación también.
El segundo cambio importante es que no consideran el Genocidio Armenio como un evento en el vacío o en la aprobación de algo sólo por sí mismo. Ahora creemos que el Genocidio Armenio fue parte de un programa más amplio, y la nueva escuela trata de entender el proceso entero, dentro de un contexto de una política demográfica. Creemos que las autoridades otomanas establecieron un plan que tenía por objetivo cambiar la estructura poblacional de Anatolia. Y el Genocidio Armenio fue parte de eso. Entonces, esto es una nueva tendencia en la investigación del Genocidio.

E. – Con respecto al Conflicto del Nagorno Karabagh, ¿Usted considera que es más importante la autodeterminación del pueblo armenio de Nagorno Karabagh o la integridad territorial de Azerbaiyán?

T. A. – No soy un experto en el tema de Nagorno Karabagh y lo que puedo decir es Turquía no debería hacer de esto una precondición para sus relaciones normales con Armenia. Entonces, las relaciones entre Turquía y Armenia no tienen nada que ver con el Conflicto de Karabagh. En lo que respecta al Conflicto de Nagorno Karabagh espero que haya soluciones a dos cuestiones: una es el derecho de autodeterminación del pueblo que vive en ese territorio y la segunda es el derecho de soberanía nacional de Azerbaiyán. Y para mí, lo más importante, si tú me haces una pregunta en general, es que realmente creo que el pueblo azerí tiene el derecho de retornar a su hogar, entonces en este contexto cómo se resolverá este problema, no lo sé.

E. – Muchas gracias por su tiempo prof. Akçam.

T. A. – De nada. Fue un placer.


Avances y retrocesos

Sábado, 04 de diciembre de 2010
Por Osvaldo Bayer

Todo un ejemplo. Un héroe civil. El escritor turco Taner Akçam, que nos acaba de visitar. Enfrentó todo un pasado ignominioso y dijo la verdad. La pagó muy caro, pero su paso digno por el mundo es aplaudido con fervor. Un turco que fue capaz de reconocer el horrendo crimen turco contra el pueblo armenio. Un estudio profundo sobre la matanza de miles de civiles armenios en los años veinte del siglo pasado. Un horror que quiso ser tapado con el silencio o con la hipocresía de negar hasta las fotos de montañas de cadáveres. El cinismo llevado a su máxima hipocresía. El libro de este autor acaba de ser publicado en la Argentina. Se llama Un acto vergonzoso. El genocidio armenio y la cuestión de la responsabilidad turca. Luego de padecer cárcel, este intelectual marchó a Alemania, donde hizo su tesis sobre “El Movimiento Nacional Turco y el genocidio armenio en el contexto de los tribunales militares en Estambul entre 1919 y 1922”. Fue luego profesor de Historia de la Universidad de Minnesota y actualmente lo es de la Universidad de Clark Worcester.

Después de su profunda investigación, ya nadie podrá negar el bestial crimen turco contra el pueblo armenio. Documento tras documento, testimonios, órdenes militares, publicaciones oficiales, todo se transcribe en este libro y quedan irrefutables las pruebas. Claro, después de este escrito, a las autoridades turcas le quedan estos caminos: el de reconocer el espantoso genocidio, pedir las disculpas internacionales debidas, reparar el daño irreparable, porque se trató de la muerte, y acabar con el cinismo de desconocer la increíble brutalidad contra un pueblo entero. Además, luego de leer este profundo libro, uno se pregunta: ¿cómo fue posible encubrir la masacre? En el libro de Taner Akçam está también la respuesta. Es como si en la Argentina se hubiera escondido la infamia de la desaparición de personas. Sabemos que hubo muchas intenciones en ese sentido. Como el silencio que cubrió durante décadas los fusilamientos de peones patagónicos en los años veinte del siglo pasado, hasta que quedó todo al descubierto. Aunque todavía el partido radical, gobernante durante esos hechos, no ha tenido el coraje civil de hacerse una profunda autocrítica, actitud que siempre resulta positiva para la verdadera democracia.

En la visita que el talentoso intelectual turco Taner Akçam acaba de hacer a la Argentina se produjo un hecho por demás auspicioso y de gran simpatía. Ocurrió en la Fundación Luisa Harabedian, donde el escritor fue a una reunión entre nietos del genocidio armenio y nietos de las Abuelas de Plaza de Mayo. Unos treinta jóvenes comprometidos en la historia de Armenia y de la Argentina. Al final declararon que existió “una unión ética y moral que tomó forma de acción y reflexión” en este encuentro. Acción y reflexión, dos enseñanzas. Los verdugos y asesinos de Turquía y de la Argentina no habrán pensado nunca que algo así podía ocurrir. Es que ellos ignoraron que siempre, siempre, la ética y la justicia finalmente triunfan, aunque pueda pasar mucho tiempo en llegar a concretarse. Los verdugos que tratan de esconder sus crímenes siempre quedan finalmente desnudos ante la Historia.

Como este otro hecho muy positivo sucedido la pasada semana. Los miembros del Concejo Deliberante de Morón resolvieron sesionar en el local de la Biblioteca Popular de Castelar para mantener el contacto con sus representados. Allí, en ese ambiente donde los libros nos miraban a todos, el Concejo sesionó con la asistencia del pueblo de Morón. Se trató el cambio del nombre de una calle, Ataliva Roca –el hermano del genocida de los pueblos originarios general Julio Argentino Roca–, por el de Delicia Córdoba, una Madre de Plaza de Mayo que vive desde hace décadas en ese lugar. El proyecto fue aprobado por unanimidad por los concejales de todos los partidos políticos. Fue una jornada plena de emoción. Hubo calor popular y sentido de la verdadera democracia. Ataliva Roca no fue otro que un especulador de tierras que cobraba “comisiones” en los negociados de su hermano, el general. Por eso, Sarmiento inventó en su diario el verbo “atalivar”, que en idioma sarmientino significaba “coimear”.

Delicia Córdoba, la Madre de Plaza de Mayo ahí presente, agradeció con palabras que emocionaron a todos y dedicó el homenaje a sus hijos desaparecidos.

También, muy cargado de la emoción del pueblo fue el acto en el cual se le cambió el nombre, en Sarandí, a la escuela llamada nada menos que Policía Federal por el de Floreal Avellaneda, el adolescente –alumno de esa escuela– víctima de una acción de los denominados “grupos de tareas” de la última dictadura. En ese acto, el representante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, José Schulman, se preguntó ante los docentes, alumnos, padres de esos alumnos y vecinos de la escuela: “¿Podría haber algo más simbólico que dejar de llamarse esta escuela Policía Federal Argentina para pasar a llamarse Floreal Avellaneda? ¿Y acaso puede haber algo más simbólico que la escuela vecina se llame Azucena Villaflor, la primera Madre que llegó a la Plaza de Mayo para reclamar por los hijos desaparecidos?”. Y recordó al “Negrito” Avellaneda, como lo llamaban todos, “que luchó por el boleto estudiantil, por más presupuesto para las escuelas, por los derechos de los jóvenes y porque estaba convencido de que no es fatal que en el país del trigo y de la carne haya niños que pasan hambre y los indios sean asesinados por pretender cultivar la tierra que habitan desde hace miles de años”.

El cadáver del “Negrito” Avellaneda fue encontrado en las costas uruguayas, con torturas y pruebas de que fue empalado. Evidentemente, fue lanzado desde un avión al río, como era costumbre en esos años por parte de los militares y marinos de guerra.

Algo ha cambiado en la Argentina. El pueblo va tomando conciencia paso a paso. Que una escuela que llevaba el nombre de esa institución policial pase a tomar el nombre de ese adolescente mártir de sus ideas de progreso es todo un ejemplo para el futuro. Poco a poco vamos tomando conciencia de lo que son los verdaderos valores éticos de la vida humana por los cuales vale luchar.

Pero, claro, luego de estas noticias gratificantes nos enteramos de los hechos de Formosa. Otra vez fueron atacadas las tierras comunitarias de los pueblos originarios, la colonia toba La Primavera, en Formosa. En el ataque cayó muerto el dirigente de ese grupo étnico y, al defenderse ellos, cayó un policía atacante. Y quedaron destruidas decenas de viviendas de los residentes de esa comunidad, amén de otras instalaciones. No puede ser así. Nunca más esos procedimientos para con las comunidades de los pueblos originarios. Después de las experiencias históricas debemos aplicar otros métodos. Primero, ante todo, respetar sus tierras comunitarias y no basarse en que “no tienen títulos de propiedad”. Si llegara el caso en que la Justicia cree tener razón, entonces iniciar conversaciones, llamar como testigos a las organizaciones de derechos humanos y a sus abogados y dialogar para encontrar soluciones. No enviar ni a la Gendarmería ni a la policía a tiro limpio o a quemar viviendas y dejar tierra arrasada. El caso de Formosa, que acaba de ocurrir, está claro. El señor Celía, un colaborador de la última dictadura militar de la desaparición de personas, es el que gritó “esa tierra es mía, mía, mía”. Y allí mismo el ataque. Parece un film del Lejano Oeste. No, así no. El caso de las tierras comunitarias debe ser tratado, como decimos, en otras esferas muy informadas. Y donde se tengan en cuenta los intereses de esas familias, los de sus hijos y las oportunidades de trabajo.

No al milico con palo y pistola que grita “¡Indio de mierda!”, sí a la experiencia de siglos que nos habla de la injusticia con que se trató a los pueblos hijos y ocupantes de estas tierras por siglos y siglos antes de que arribaran los que vinimos de los barcos. Además, la Justicia tiene que preguntarse: ¿para quién la tierra? ¿Para el extraño con relaciones en “las altas esferas” con plata en el bolsillo o para numerosas familias que viven en comunidad, con sus hijos, sus tradiciones, su cultura? ¿Para quien canta a la Pachamama y saluda al sol en esas latitudes desde hace siglos o para el señor Benetton que fabrica ridículas camisetas en el Norte italiano y gana billones? Al señor Celía, a los políticos comprometidos con el asalto, a los milicos golpeadores, yo les cantaría hoy en la cara: “Ved en trono a la noble Igualdad, Libertad, Libertad, Libertad”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-158030-2010-12-04.html