GRUNK- Audición Armenia de Mar del Plata

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martes, 12 de marzo de 2013

La gran novela del genocidio armenio


Por Marcos Aguinis | LA NACION
Martes 12 de marzo de 2013 | Publicado en edición impresa

Franz Werfel

Se cumplen ochenta años de la estremecedora novela épica Los cuarenta días de Musa Dagh. Su denuncia fue un rayo que partió conciencias dormidas y se convirtió en uno de los libros más frecuentados de la época. En medio de la ignorancia, la censura y ajenas urgencias, el planificado asesinato de todo un pueblo había quedado en el más oscuro rincón de las agendas. Con una prosa restallante, su autor describe las atrocidades cometidas por el decadente imperio otomano y cómo se construyó una resistencia que involucró las aldeas que rodean la montaña de Musa Dagh. Aislados, sin comida y sin recursos, un millar y medio de personas se negaron a dejarse arrollar. Es interesante el apoyo que durante esa tragedia les brindó el pastor alemán Lepsius, quien mantuvo un esclarecedor diálogo con Ever Pashá, comandante turco. Este jefe explicó sin cortapisas las razones (o sinrazones) de su gobierno para deportar y asesinar a "los piojos" de su país: el pueblo armenio. La lucha duró cuarenta días, hasta que acudió a rescatarlos una fracción de la armada francesa. El escalofriante y largo episodio pasó a transformarse en un símbolo de la tragedia que quedó inscripta para siempre en el corazón de los armenios.

El autor de esa novela basada en hechos reales fue Franz Werfel, narrador, dramaturgo y poeta nacido en Praga en 1890. Integra la vasta lista de los grandes creadores de la Europa central de aquella época y se lo suele asociar con la corriente expresionista. Su vida también fue de novela. Sirvió en el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, con tareas militares en el frente ruso y como agente de prensa. Pero no pudo evitar que se lo condenase por traición a la patria debido a su provocador pacifismo. Las obras que empezó a publicar lo bendijeron con una rápida fama y en 1929 se casó con Alma Schindler, viuda del compositor Gustav Mahler.
Imposible no incorporar un párrafo sobre esa bella, culta e inteligente mujer, que lo acompañó hasta su muerte y había sido la joya más codiciada de su tiempo. Dotada de notable sensibilidad artística y avanzado espíritu rebelde, compositora ella misma e hija de un celebrado plástico, Alma recibió "el primer beso" del pintor Gustav Klimt, fue pareja del pianista Zemlinski y tuvo un affaire con el pintor Oskar Kokoschka. Se enamoró y casó con Mahler, cuyo apellido adoptó para siempre. Pero luego se entusiasmó con Walter Gropius, quien fundó la mundialmente aplaudida escuela Bauhaus. Después del fallecimiento de Mahler y un socialmente correcto intervalo, se casó con Gropius. Pero la pareja dejó de funcionar al introducirse en la escena el escritor Franz Werfel. Alma Mahler se divorció de Gropius y se casó con Werfel. Lo acompañó como una musa mientras redactaba la electrizante gran novela Los cuarenta días de Musa Dagh.
Es curioso que haya sido publicada en el mismo año que Adolf Hitler tomó el poder en Alemania. También es curioso que, pese a que la obra alcanzó una acelerada aceptación planetaria, Hitler avanzó con sus siniestros planes antisemitas repitiendo la frase "¿quién se acuerda del genocidio armenio?".
Cuando en 1938 se produjo la anexión que incorporó Austria al Tercer Reich (con el júbilo irresponsable de la inmensa mayoría del país), Werfel, su esposa y sus hijos -lo mismo que Freud y otras celebridades- tuvieron que dejar Viena. Se dirigieron a Francia, donde fueron testigos de la invasión nazi. Entonces Werfel con su familia se desplazó hacia el Sur, hacia Lourdes, que había quedado bajo el gobierno cómplice de Vichy. Parecía que la furia genocida inaugurada en el siglo XX con los armenios no llegaría tan lejos. Fue acogido por los monjes del santuario, pero llegó el momento en que ningún judío se podía considerar a salvo dentro de la Francia ocupada ni de la Francia sometida. Consiguieron embarcarse a los Estados Unidos, donde compuso la famosa "Canción de Bernadette", donde narra los milagros de la Virgen, obra que pronto fue llevada al cine y obtuvo un Oscar. Corresponde, por lo tanto, señalar que fue un judío quien compuso la primera y electrizante novela sobre el genocidio armenio y que fue ese mismo judío quien dotó de verosimilitud, ternura y espiritualidad al milagro de Lourdes.
También fue judío quien acuñó la palabra genocidio. Se trata del abogado polaco Rafael Lemkin, que la propuso en 1944, antes de acabar la Segunda Guerra Mundial y cuando aún no se tenían claras noticias sobre los horrores del Holocausto. Lemkin se refería a las matanzas cometidas por motivos raciales, nacionales y religiosos. Fundamentó su tesis en las atrocidades llevadas a cabo contra el pueblo armenio en 1915. Gracias a sus esfuerzos consiguió que el tribunal de Nürenberg definiera como crímenes contra la humanidad el "asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, persecución y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, por motivos religiosos, raciales o políticos".
Los historiadores suelen fijar el comienzo de la atmósfera que llevó al genocidio armenio en el golpe de Estado que impusieron los llamados Jóvenes Turcos. El nacionalismo exacerbado, empero, los indujo a canjear las tendencias modernizadoras por una expansión del imperio otomano y "la unión sagrada de la raza turca". Armenia, por su ubicación geográfica, por haber sido la primera nación en convertirse al cristianismo y por insistir en sus reivindicaciones sociales, se convirtió en un escollo. El 24 de abril de 1915 estalló la primera y espantosa manifestación del delirio con el arresto de las 235 personalidades armenias más relevantes -científicos, escritores, sacerdotes, docentes, líderes políticos-, conforme a una lista previamente confeccionada. Ese número pronto ascendió a ocho centenares. Era una decapitación que pretendía privar al pueblo de una orientación confiable e impedir que las noticias cruzaran las fronteras. Al mismo tiempo se organizaron "brigadas de trabajo" con hombres de 16 a 60 años, destinados a construir caminos y trincheras en los que luego se los ejecutaba sin explicarles el motivo. Muchos morían antes del tiro mortal por la extenuación física, la carencia de alimentos, los castigos brutales y la falta de higiene.
A mediados de 1915 empezó la salvaje etapa de empujar niños, mujeres y ancianos hacia el desierto que ahora pertenece a partes de Siria, Irak y Arabia Saudita. Los hacían marchar semidesnudos, descalzos, hambrientos, infectados, heridos, sedientos y aterrorizados. Iban cayendo sobre las arenas que servían de sepulcro, sin que se necesitase gastar la pólvora de las municiones. No conformes con esta "limpieza", buscaron a quienes se habían escondido en orfelinatos o en el interior de las viviendas donde familias turcas decentes y corajudas les brindaron asilo.
Después de la guerra, la comunidad internacional condenó el genocidio armenio, en el que fueron asesinadas un millón y medio de personas. Varios países habían advertido, ya en 1915, que los Jóvenes Turcos serían acusados por el extraordinario crimen. En la actualidad sólo fanáticos son capaces de negarlo. Pero aún la cuestión sigue abierta, porque el gobierno de Turquía se resiste a reconocer su responsabilidad. Contra esa posición se han manifestado grandes intelectuales turcos, incluido el premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk.
A partir de esa masacre creció la llamada diáspora armenia, que ha producido incontables figuras de gran prestigio en todos los campos de la actividad humana. Cuando Franz Werfel publicó en 1933 su gran novela sobre la resistencia ejemplar en torno a una montaña, no podía sospechar que ese pueblo era en sí mismo una montaña difícil de abatir.
© LA NACION.

sábado, 4 de junio de 2011

EMPALMANDO LA HISTORIA

Audición radial INTEGRACION ARMENIA

Director Dr. Oscar Lomlomdjian

Reflexión escrita y leída por Rupén Berberian (Raymond)

Sábado 4 de Junio 2011

De 13 a 14 horas

AM 680 Radio Magna

e.mail: interarmenia@hotmail.com

En 1905, en Salónica la comunidad Donmeh (judíos Sefaradíes convertidos al Islam), había desarrollado grupos secretos que deseaban desembarcar sobre Estambul para apoderarse del Imperio y terminar con la predominante presencia comercial de los armenios. Se conformaba el Partido “Unión y Progreso” (Ittihad ve Terrakki) de los Jóvenes Turcos. El partido estaba liderado por Ismael Enver, Ministro de Guerra, Mehmet Talaat, Ministro del Interior y Ahmed Djemal (Çemal) Ministro de Marina y Gobernador. Estaban todos íntimamente emparentados: Halil Mentese, era tío de Enver y comandante de las fuerzas otomanas, como así también Nuri Killigil; Jewjedt Bey era cuñado de Enver y Gobernador de Van, mientras que Mustafá Abdul Halek Rendá era cuñado de Taleat y Gobernador de Bitlis. Todos ellos conocían muy bien a los armenios. Conocían el poder de sus intelectuales y poetas. El Ittihad ve Terrakki prometía un parlamento con participación de todas las minorías del Imperio. Se trazó pues la meta de amputar el tiranismo del Sultán Rojo. En esta oportunidad, los armenios no dudaron en apoyar a los Jóvenes Turcos en el proyecto de derrocamiento de Abdul Hamid. El 24 de Abril de 1908 los Jóvenes Turcos se abalanzaron desde Salónica contra la Sublime Puerta de Abdul Hamid, logrando así su derrocamiento en un ámbito de supuesta fraternidad con los armenios. Estos dirigentes tenían todo ya planificado desde su formación secreta en Salónica. Formaron una pantomima parlamentaria que albergaba diputados de distintas vertientes, inclusive de origen armenio. Pero todo aquello resultó una farsa, tenían encubierta la idea de la Turquificación, eufemismo del extremismo Panturanismo, Anhelo Imperial de Unión con las razas mongoloides del Asia central, por ende implicaba el germen del futuro Genocidio Armenio.

Haciendo honor a sus ancestros mongoles, el plan consistía en una masacre a gran escala, de lejos, mejor organizada y más letal que las ya registradas en la época del Sultán Hamid II.

El plan fue ideado, premeditado, planificado y sistemáticamente ejecutado.

Primeramente se deshicieron de los intelectuales, políticos y religiosos. El secuestro de más de 600 intelectuales comenzó precisamente un nefasto 24 de Abril 1915, en la ciudad de Istambul. Enrolaron en el ejército a todos los hombres armenios entre 15 y 45 años y se los utilizó como mano de obra para construir trincheras que inmediatamente se transformarían en sus propias tumbas. Los turcos querían borrar de la faz de la tierra a los armenios y todo vestigio de cultura Armenia para que nunca surjan “Causas Armenias” reclamando derechos territoriales o garantías para las minorías. Las órdenes las dio el mismo Ministro del Interior Taleat. Órdenes de carácter tan inhumano que algunos soldados turcos o jefes del ejército, no podían creer lo que se les estaba pidiendo. Todos aquellos que se negaron a cumplir las órdenes fueron finalmente fusilados. Taleat había sido muy claro: “…los armenios habían perdido el derecho a la vida en el Imperio Otomano…” “pero como no se podía malgastar municiones en ahorro de guerra, se los debía matar a cuchillo, o ahogándolos en el Eufrates. En el norte se los arrojaría al Mar Negro, los que vivían en el centro de Anatolia, serían llevados sin víveres, caminando hasta el desierto de DerZor, en Siria, donde serían abandonados a la buena de Dios o quemados vivos. Los métodos de aniquilamiento eran realmente espantosos y obviamente no se respetaba ni el sexo ni la edad de las víctimas. Las órdenes de Taleat aclaraban que no debían vivir ni en el vientre de sus madres. El río Eufrates de aguas cristalinas, durante días presentó un color rojo causado por el aluvión de centenares de cadáveres. Por otra parte, miles de mujeres y niños terminaron sirviendo en los harenes de los Pashá Turcos, por lo que hoy día muchos ciudadanos turcos desconocen que su verdadero origen pertenece a la raza Armenia.

***

“REFLEXIONEMOS”

LIBRO PRODUCIDO Y PUBLICADO POR LA AUDICION RADIAL "INTEGRACION ARMENIA",

ESCRITO POR

"RUPÉN BERBERIAN"

COLUMNISTA DEL PROGRAMA, QUE COMPARTE CON SUS REFLEXIONES, SU VISION DEL GENOCIDIO,

LA HISTORIA, LA POLITICA INTERNACIONAL Y SU IMPLICANCIA EN NUESTRA ARMENIA PRESENTE.



PROLOGO Y COMENTARIOS:

DR. OSCAR M. LOMLOMDJIAN.

DISERTACION A CARGO DEL AUTOR

INVITAMOS A USTEDES A LA PRESENTACIÓN DE

"REFLEXIONEMOS"

EL

10 de junio 19 horas

COLEGIO ARMENIO DE VICENTE LOPEZ

CALLE ARENALES 1660

e-mail:interarmenia@hotmail.com

raymond_berberian@yahoo.com

GOLONDRINAS DE ALAS DORADAS

Audición radial INTEGRACION ARMENIA

Director Dr. Oscar Lomlomdjian

Reflexión escrita y leída por Rupén Berberian (Raymond)

Sábado 14 de Mayo 2011

De 13 a 14 horas

AM 680 Radio Magna

e.mail: interarmenia@hotmail.com

***

GOLONDRINAS DE ALAS DORADAS

Entiendo que una, dos o más golondrinas no hacen verano. También entiendo, gracias a mi obstinado escepticismo que detrás de toda dádiva aperece una factura. Que el nieto de uno de los héroes legendarios de Turquía esté tratando de congraciarse con los armenios de la diáspora reconociendo abiertamente el genocidio perpetrado por su abuelo y demás criminales, en verdad me da pena, mucha pena, porque me imagino que ese turco debe llevar en la conciencia una cruz, en vez de la tradicional media luna. También me llega la expresión de solidaridad hacia nosotros de unos cuantos intelectuales turcos que se han puesto de acuerdo en simular acompañarnos en el sentimiento. Lo entiendo y me parece bien, hasta normal, de que ocurran a ciertos turcos expresiones similares luego de casi cien años de la desaparición de más de un millón y medio de armenios de sus tierras ancestrales. Las catástrofes generalmente se miden sobre la calma, luego de que la tormenta haya desaparecido. Y la nuestra es tan inconmensurable que se va generándose día tras día.

Entiendo también que nada es gratis y que detrás de todos esos parámetros existe un gato encerrado. Pienso y que me perdonen aquellos que no coinciden con mis enfoques, que todas esas manifestaciones y exposiciones no son sino fruto de la inteligencia turca a fin de evaluar el grado de percepción de los armenios por descubrir la quinta pata al gato.

Entiendo también la emoción que les produce a ciertos hermanos míos empecinados en hallar el tesoro del pirata y la gruta de Alí Babá con tales acercamientos y de qué manera se arrojan a la pileta sin importarles que esté con agua. Ahora bien… Mi pregunta es: esos hermanos míos ¿Se arrojan en serio a la pileta o simulan hacerlo…?

Yo a los turcos los entiendo porque sé cómo piensan y no hago más que resaltar sus defectos que son muchos sin duda alguna. ¿Qué pasaría si me ocurriera obrar al revés, buscando en ellos el eslabón perdido, pasando por alto el haber masacrado a mis familiares de Diarbekir? Es muy posible que encontrara a mí mismo reflejado en ellos.

En verdad dudo, si debiera festejar y aplaudir la generosidad de mis hermanos por recibir y acoger a esas ovejas negras surgidas de la Nación Turca, como… poner en consideración aquello de “Todos Somos Armenios” recordando a Hrant Dink el periodista turco de origen armenio ultimado por el fanatismo turco, mientras en las cárceles existen numerosos (Hrant Dink) cumpliendo sentencias por haber mencionado la palabra prohibida. Y… aunque en el interior del país las pancartas y las expresiones sean otras, muy distintas…

“Dejen que los niños vengan a mí” Dijo Jesús. Y yo diría: dejen que esos emisarios turcos vengan a nosotros. Tal vez por ese lado podamos romper las cadenas de la incomprensión y del odio, y abramos un sendero común hacia las puertas de la eternidad.

El Estado turco nos está, a mi entender, lanzándonos ilusiones para escoger; pues bienvenidas sean. No obstante no debemos olvidar quienes son ellos y qué es lo que pretenden. Deberíamos estar alertas y obrar con el cerebro no con la pasión del corazón. Si es que intentamos avanzar sobre un espejismo, hagámoslo paso a paso y con mucha cautela de no pisar las minas sembradas ex profeso en el camino. Lo superficial nos parece acogedor, evidentemente. Para pescar, se lanza una lombriz colgada de un anzuelo. Depende de nosotros no engolosinarnos y detectar el anzuelo que nos está arrojando disimuladamente el Estado turco a través de sus emisarios.

Jesús dijo: ¡Guardaos de los falsos profetas que vienen a nosotros con vestido de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces!

¡To be or not to be…! Por las dudas conviene no alzar demasiado vuelo; la caída podría ser dolorosa.

Cordialmente

Rupén Berberian (Raymond)

Raymond_berberian@yahoo.com

www.arteraymond.com.ar

Nos interesa su opinión… Gracias

sábado, 14 de mayo de 2011

LO PERDIDO, PERDIDO

Audición radial INTEGRACION ARMENIA

Director Dr. Oscar Lomlomdjian

Reflexión escrita y leída por Rupén Berberian (Raymond)

Sábado 7 de Mayo 2011

De 13 a 14 horas

AM 680 Radio Magna

e.mail: interarmenia@hotmail.com

Nos han echado de nuestros terruños, nos han masacrado y debe haber más que un motivo para tanto ensañamiento. No se me ocurre pensar que éramos lo más malo que había en el Imperio, caso contrario no habríamos sido la mano derecha de los Sultanes otomanos. Debe haber existido un espíritu maligno que inspirara a que se perpetrara un genocidio, nada menos que contra la mano derecha de Turquía. ¿Cómo es que los turcos prescindieron tan pronto de los armenios y quienes fueron sus reemplazantes inmediatos…? ¿Cómo es que Turquía se mantiene en una postura casi imperturbable luego de haber perpetrado nada menos que un Genocidio? Y nosotros, los armenios de la diáspora, ¿por qué, luego de tanto tiempo transcurrido no hemos logrado conmover al mundo con nuestro extranjerismo? ¿En qué seguimos soñando para que Turquía esté menospreciándonos con su negacionismo? ¿En qué razón se basa, con qué se justifica, sobre cuáles parámetros se apoya?, parámetros que nos vendría bien a nosotros. ¿Es acaso suficiente y reconfortante recordar a nuestros mártires cada 24 de Abril y desfilar pacíficamente, rodeando las cedes de las Embajadas Turcas en el mundo con pancartas; rezar, cantar y bailar Kachari en las plazas y luego cada uno a su casa con la conciencia tranquila del deber cumplido?

No sé por qué, pero se me hace que de ese modo jamás habremos de resolver nuestro problema. Nuestro objetivo es recuperar la oveja perdida y con ella planear el regreso a casa. El hecho de resistir al extranjerismo ya nos está causando un hábito, el mullido sofá de pana colorada que nos hemos sabido ganar nos está enviciando. Sin percatarlo, le estamos brindando nuestra sangre al mundo a cambio de agradecimiento. Estamos siendo absorbidos por un bienestar que está trazando nuestra desaparición como diáspora. La diáspora en cuestión no es una patria en el exilio hecha de mil lenguajes y razonamientos dispares. Es una tregua indefinida; una larga espera sin horizontes claros.

Vuelvo a insistir: bailar, cantar, elaborar buena comida, asistir a misa como buenos cristianos y reunirse en los Madagh, no se llega a nada. Es simplemente un subsistir en la nada. Con suerte, dentro de un tiempo sin tiempo habrá una tumba colectiva con un gentil epitafio en letras de oro que diga: “Aquí estuvieron y fueron desapareciendo los armenios, hijo y nietos de los sobrevivientes del genocidio perpetrado por el Estado turco en 1915 a 1923”

Deberíamos aprender de nuestras fallas y de nuestros innumerables errores y también de nuestros enemigos; no imitarlos, sino encontrar el antídoto que nos permita resistir el exilio e ir aprendiendo a diagnosticar el accionar del cerebro de nuestros enemigos. Lo hemos sabido hacer en el pasado. Mas hoy deberíamos usar todas las artimañas, la astucia de zorro, la mayor hipocresía política y la diplomacia de ajedrez, los enemigos deben creer saber lo que pensamos, mas no aquello que pensamos.

Ante todo, no confundir turcos con el Islam, ni el Islam con los turcos. Nuestros enemigos fueron y son turcos disfrazados de musulmanes. Si cada uno de nosotros envuelto en su ideología partidaria tira para un costado estará desperdiciando el esfuerzo de otro hermano y con ello le estará cediendo terreno al enemigo. Pero si entre todos dejamos nuestro orgullo en cuarentena y sepamos agruparnos bajo una causa común; tal como idear, a largo plazo, el regreso a casa, seremos nosotros quienes creceremos.

Los logros obtenidos en esos noventa y seis años de extranjerismo son tan escasos que no vale la pena mencionar. Es tal vez por ello, cada golondrina que cruza nuestro cielo, nos hace perder la cabeza con que se asoma la primavera.

Digo yo… ¿Si diéramos vuelta la página, nos expusiéramos a la ruleta rusa y nos convirtiéramos todos en carne de cañón, qué más perderíamos más allá de lo perdido?

Nuestra verdadera encrucijada es no saber qué hacer con Armenia Libre e Independiente y desconocer, qué es Ella capaz de hacer por nosotros. Mientras tanto, el tiempo corre y la cruz pesa.

5/Mayo/2011

Cordialmente.

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GOLONDRINAS DE ALAS DORADAS

Audición radial INTEGRACION ARMENIA

Director Dr. Oscar Lomlomdjian

Reflexión escrita y leída por Rupén Berberian (Raymond)

Sábado 14 de Mayo 2011

De 13 a 14 horas

AM 680 Radio Magna

e.mail: interarmenia@hotmail.com


Entiendo que una, dos o más golondrinas no hacen verano. También entiendo, gracias a mi obstinado escepticismo que detrás de toda dádiva aperece una factura. Que el nieto de uno de los héroes legendarios de Turquía esté tratando de congraciarse con los armenios de la diáspora reconociendo abiertamente el genocidio perpetrado por su abuelo y demás criminales, en verdad me da pena, mucha pena, porque me imagino que ese turco debe llevar en la conciencia una cruz, en vez de la tradicional media luna. También me llega la expresión de solidaridad hacia nosotros de unos cuantos intelectuales turcos que se han puesto de acuerdo en simular acompañarnos en el sentimiento. Lo entiendo y me parece bien, hasta normal, de que ocurran a ciertos turcos expresiones similares luego de casi cien años de la desaparición de más de un millón y medio de armenios de sus tierras ancestrales. Las catástrofes generalmente se miden sobre la calma, luego de que la tormenta haya desaparecido. Y la nuestra es tan inconmensurable que se va generándose día tras día.

Entiendo también que nada es gratis y que detrás de todos esos parámetros existe un gato encerrado. Pienso y que me perdonen aquellos que no coinciden con mis enfoques, que todas esas manifestaciones y exposiciones no son sino fruto de la inteligencia turca a fin de evaluar el grado de percepción de los armenios por descubrir la quinta pata al gato.

Entiendo también la emoción que les produce a ciertos hermanos míos empecinados en hallar el tesoro del pirata y la gruta de Alí Babá con tales acercamientos y de qué manera se arrojan a la pileta sin importarles que esté con agua. Ahora bien… Mi pregunta es: esos hermanos míos ¿Se arrojan en serio a la pileta o simulan hacerlo…?

Yo a los turcos los entiendo porque sé cómo piensan y no hago más que resaltar sus defectos que son muchos sin duda alguna. ¿Qué pasaría si me ocurriera obrar al revés, buscando en ellos el eslabón perdido, pasando por alto el haber masacrado a mis familiares de Diarbekir? Es muy posible que encontrara a mí mismo reflejado en ellos.

En verdad dudo, si debiera festejar y aplaudir la generosidad de mis hermanos por recibir y acoger a esas ovejas negras surgidas de la Nación Turca, como… poner en consideración aquello de “Todos Somos Armenios” recordando a Hrant Dink el periodista turco de origen armenio ultimado por el fanatismo turco, mientras en las cárceles existen numerosos (Hrant Dink) cumpliendo sentencias por haber mencionado la palabra prohibida. Y… aunque en el interior del país las pancartas y las expresiones sean otras, muy distintas…

“Dejen que los niños vengan a mí” Dijo Jesús. Y yo diría: dejen que esos emisarios turcos vengan a nosotros. Tal vez por ese lado podamos romper las cadenas de la incomprensión y del odio, y abramos un sendero común hacia las puertas de la eternidad.

El Estado turco nos está, a mi entender, lanzándonos ilusiones para escoger; pues bienvenidas sean. No obstante no debemos olvidar quienes son ellos y qué es lo que pretenden. Deberíamos estar alertas y obrar con el cerebro no con la pasión del corazón. Si es que intentamos avanzar sobre un espejismo, hagámoslo paso a paso y con mucha cautela de no pisar las minas sembradas ex profeso en el camino. Lo superficial nos parece acogedor, evidentemente. Para pescar, se lanza una lombriz colgada de un anzuelo. Depende de nosotros no engolosinarnos y detectar el anzuelo que nos está arrojando disimuladamente el Estado turco a través de sus emisarios.

Jesús dijo: ¡Guardaos de los falsos profetas que vienen a nosotros con vestido de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces!

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Cordialmente

Rupén Berberian (Raymond)

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sábado, 2 de abril de 2011

ESPINAS EN LA MEMORIA

Cada miembro de nuestra diáspora ve en el Estado turco aquello que más le duele, le incomoda, le preocupa o añora. Algunos toman la delantera, se encierran en su caparazón y se rebelan, y tienen razón. Otros son más moderados, se inclinan hacia la prudencia, por si acaso y tienen razón. Algunos se trepan por las ramas de las leyes, otros se cuelgan del barrilete de la historia, también tienen razón. Los historiadores tienen razón, los religiosos y los políticos tienen razón y yo como soñador empedernido y lírico, también tengo razón, pero todos nos manejamos en el filo de la navaja tras mil objetivos diferentes tratando de atravesar juntos o separados una densa nebulosa añejada de hace cien años que no nos permite visualizar el imaginario faro del fin de todas las penurias.

Los más exasperados y los impacientes, acaso los más realistas y reaccionarios, alzan la voz precisamente ante un mundo distraído con sus veleidades y que ha perdido literalmente su facultad de saber escuchar.

Hemos actuado de embajadores sin cartera de nuestras raíces y cultura durante cien años en el exilio, hemos ganado el respeto y la apreciación del mundo entero a fin de que ese mundo tan peculiar contemple nuestro problema y se solidarice con nuestros reclamos de justicia ante el Estado turco que no solamente perpetró un vergonzoso genocidio contra nuestro pueblo, sino que borró de la mente de su población la existencia de la armenidad, siendo el auténtico pueblo originario de la región.

Como no se conformó con masacrar a un millón y medio de hermanos nuestros, cometió otro genocidio cultural con la destrucción sistemática de nuestro patrimonio nacional.

Hoy la juventud turca se sorprende al oír hablar de los armenios, prácticamente los desconocen y rechazan la idea con que sus abuelos fueron, en su gran mayoría, genocidas. Todos conocemos aquel dicho: “No hay mejor ciego del que no quiere ver” Pero ellos, no es que no quieren ver; han quedado ciegos. Y el Estado turco niega su pasado nefasto por miedo a que le caiga el cielo encima, incluyendo el deshonor para su adorado héroe nacional el Ataturc Mustafá Kemal.

Algunos turcos enterados del genocidio, afirman cínicamente con que Ataturc reconoció como criminales a Taleat, Enver y demás genocidas, pero se lavó las manos como Piltatos, pues tenía otras ocupaciones que resolver, eliminar el tarbuch (Fez) por la corbata. Yo, desde mi humilde plataforma improvisada hago oír mi voz exigiendo que el Estado turco rinda cuentas de sus actos de lesa humanidad contra nuestros familiares. El genocidio de los armenios no debe quedar impune. El pueblo turco debe recuperar la memoria y conocer su verdadera historia, no la que le fue vendida por los fariseos de Constantinopla. Debe saber que el Ararat, la montaña sacra de los armenios, no les pertenece, como tampoco son de ellos las provincias armenias usurpadas por su nación. Debe saber también que su país no se extiende por Azerbaidyan y, que tanto Nejichevan como ARtzaj (Nogorno Karabaj) pertenecen históricamente a Armenia y que el “omnipotente” Stalin premió con ellos a Azerbaidyan. Que en realidad Turquía fue usurpado por los Otomanos, robado a los armenios, sus legítimos dueños con más de siete mil años de existencia en la región. Tiene que saber que las obras de arte expuestas en sus museos fueron saqueadas a otros pueblos, que sus palacios fueron edificados por armenios, inclusive Santa Sofía; que su supuesta europeización está resultando una parodia barata, que su añorada asimilación como nación entre las demás naciones del mundo, dependerá únicamente de los armenios. El Estado turco tiene que comprender que la superioridad de las razas no es más que un mito y que las religiones prioritarias no existen; que matar a una sola persona es un crimen y eliminar a un millón y medio de seres humanos no es una simple estadística sino, una millón y medio de crímenes, ¡de Crímenes! y eso es ¡Un Genocidio! ¡Un Genocidio, contra la humanidad entera!

Cordialmente

Rupén Berberian (Raymond)

www.arteraymond.com.ar

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sábado, 19 de febrero de 2011

Witness - An Armenian Homecoming - Part 2



Both pilgrimage and detective story, filmmaker Ani King-Underwood's family story of returning to find a former home in Turkey.

sábado, 1 de enero de 2011

Maintaining the memories of genocide

Los Angeles Times Editorial

The late J. Michael Hagopian escaped the mass murder that claimed the lives of as many as 1.5 million Armenians. Through his 12 films, the atrocity will remain visible to all who are willing to see.

Most who suffer unspeakably at the hands of others look for ways to forget, to resume a normal life as best they can. Some, however, assume the duty of witness in the hope that truthful memory will protect those who come after them. The passing of these heroic men and women ought not to go unremarked upon.

J. Michael Hagopian, who died this month in Thousand Oaks, was one such man. He was just 2 years old in 1915, when his parents hid him in a well behind their home because they believed they were about to be killed by Ottoman Turkish soldiers, who were massacring Armenians across eastern Anatolia. The soldiers ultimately passed them by because the boy's father, a physician, had treated his Turkish neighbors. The Hagopians immigrated to Fresno, escaping the mass murder that claimed the lives of as many as 1.5 million of their fellow Armenians in the 20th century's first genocide.

The toddler who was sheltered in a well went on to earn advanced degrees from UC Berkeley and Harvard and to become a distinguished teacher at UCLA and Oregon State. His great contribution, though, was a series of 12 moving — indeed, heartbreaking — films documenting the attempted genocide of his people. The most sweeping of these, "The Forgotten Genocide," was nominated for an Emmy in 1976. He appeared in one of his own films, "Voices From the Lake," recalling that his mother had told him, "You can kill a people, but their voices will never die."

The voices of the Armenians still are struggling to be heard in some quarters. Contemporary Turkey, which has no political connection to the Ottomans, continues to defy history and decency, and denies the mass murder was the result of anything but wartime civil strife. It is a claim refuted by every serious observer in that period. Raphael Lemkin, the Polish lawyer of Jewish descent who coined the term "genocide" in 1943, began his lifetime's work on the subject by studying the organized murder of the Armenians and that of Iraq's Assyrians in 1933.

Thanks to an agreement Hagopian reached last spring with USC's Shoah Foundation, his vast archive of firsthand testimony by Armenian genocide survivors and witnesses to the Ottoman atrocities will be preserved and made available for study by scholars. Because of his courage and the Shoah Foundation, the voices of the Armenians will continue speaking to all who are willing to listen.

Los Angeles Times, December 24, 2010

-

Please remember to visit the 1915Club, a one of a kind website geared to help you recreate a virtual Armenia. Sign up, upload material, and share pirceless memories, photos, and stories of the past by visitng www.1915club.com today!
We would also like to use this opportunity to thank you for being part of our continued effort to keep members around the world informed and aware of developments in and around the Armenian community.
On behalf of the Center for Armenian Remembrance, we wish you a healthy and Happy New Year!
Sincerely,
Center for Armenian Remembrance
www.centerar.org
www.centerarnews.com

sábado, 4 de diciembre de 2010

Entrevista al historiador de origen turco Taner Akçam


Entrevista realizada por Andrés Minassian
Traducción por Agustín Alberto Fertonani

Entrevista concedida por la Fundación Luisa Hairabedian; y realizada al historiador y sociólogo turco Dr. Taner Akçam en el Hotel Wilton, Buenos Aires el día 25/11/2010 a las 12.30 hs.

Entrevistador – Buenos días prof. Taner Akçam, es un placer poder realizarle una entrevista a Ud.

Taner Akçam – El placer es mío.

E. – ¿Cuál sería su análisis a cerca del proceso de los “Protocolos” entre Turquía y Armenia?

T. A. – Seguí de cerca los protocolos y sigo pensando que fue un buen paso en la dirección correcta. Estoy realmente muy triste de que el gobierno turco no haya cumplido con los requisitos y con lo que estaba escrito de los protocolos. Está claramente entendido en ellos que no habría lazos vinculantes con el conflicto de Nagorno Karabagh. Turquía ligó los protocolos con el Conflicto de Karabagh, y fue un gran error del lado turco. Creo que el gobierno armenio hizo un movimiento muy inteligente a través de estos protocolos y ellos siguieron una política muy astuta. Hoy, mi punto de vista, es que Turquía cumplió con los requisitos de los protocolos, y tenemos una relación diplomática entre Turquía y Armenia. Personalmente considero que el establecimiento de relaciones diplomáticas es una precondición muy importante en el camino del reconocimiento del Genocidio Armenio. Sin el establecimiento de relaciones diplomáticas, la cuestión del genocidio no puede ser resuelta fácilmente.

E. – Entonces, ¿Usted cree que el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Turquía y Armenia es la clave para el reconocimiento del Genocidio Armenio?

T. A. – Para mí es un hito importante para la normalización, el reconocimiento porque si Turquía y Armenia siguen siendo países enemigos, con animosidad entre cada uno de ellos, no pueden hablar de los problemas del pasado. Solamente Francia pudo resolver las diferencias entre ellos. Los enemigos sólo pueden pelear. Entonces, la normalización de las relaciones entre Turquía y Armenia es muy importante, y una precondición para el proceso de reconocimiento.

E. – ¿Cuál es su opinión con respecto a la precondiciones del gobierno turco con respecto a la comisión de historiadores y la cuestión de Nagorno Karabagh?

T. A. – El tema de la comisión de historiadores es un tema muy complicado para analizar. Mi entendimiento es que en los protocolos no está claramente definido, y creo que ambas partes lo hicieron conscientemente para darle posibilidades a ambas partes de interpretar la declaración escrita a su propia manera. Turquía entendió desde los protocolos que debería haber una comisión de historiadores para decidir si lo de 1915 es un genocidio o no. Y la parte armenia definió claramente que ellos no entienden a los protocolos, en lo formal, lo relacionado al establecimiento de una comisión de historiadores en el genocidio. Entonces, tenemos dos interpretaciones diferentes del tema de la comisión de historiadores basadas en la formulación inicial de los protocolos. Esto es muy normal en diplomacia. Tú puedes hacer eso para permitir a ambas partes interpretar las declaraciones por escrito según diferentes perspectivas. La cuestión mayor sería si una comisión de historiadores sobre lo sucedido en 1915, el Genocidio, puede ser establecida o no puede ser establecida. Es una buena idea, si esta comisión debe decidir qué es 1915 y cómo se debe decidir lo de 1915. No creo que ese tipo de comisión tenga una chance en absoluto de resolver el problema por una simple razón: nadie, los investigadores como yo o la Comunidad Armenia o la opinión pública internacional van a cambiar sus opiniones por la decisión inteligente de una comisión. Entonces, una comisión de historiadores puede ser establecida tú realmente defines el rol de la comisión. Si miramos los ejemplos en el mundo, alemanes y checos, alemanes y polacos, u otros ejemplos, como Japón y Corea, Japón y China, son algunos ejemplos de comisiones de historiadores, y estas comisiones pudieron ser establecidas en cuestiones específicas. Le puedo dar un ejemplo: una comisión de historiadores en el número de armenios que vivieron en el Imperio Otomano puede ser establecida porque no tenemos números iguales, cuántos armenios vivían en el siglo XlX, cuántos armenios vivían en 1915. Una comisión de historiadores, específicamente en la cuestión demográfica puede ser establecida. Ve a los archivos, haz una investigación y publica los números, puede ser una cosa útil. Entonces, una comisión de historiadores para mejorar la opinión pública, para crear una atmósfera de discusión puede ser establecida, no tengo ninguna oposición para eso. Pero una comisión específica de historiadores para la cuestión del Genocidio no tiene ninguna chance de ser establecida, y también no fue la intención del gobierno armenio.

E. – Después de 95 años de transcurrido el Genocidio Armenio ¿Cree que es conveniente una nueva lectura de este evento desde la historia? ¿Existe un nuevo enfoque o tendencia a cerca del Genocidio Armenio desde la academia de historiadores?

T. A. – Creo que hay una nueva generación de investigadores y hay un cambio en el análisis del Genocidio Armenio. Te puedo dar 2 elementos básicos a cerca de esto: uno es que hasta hace poco gran parte del trabajo erudito era de origen armenio. Ellos desarrollan lo que llamamos una especie de “perspectiva de las víctimas”. Analizan y escriben el Genocidio Armenio desde el punto de vista de las víctimas. Y en ese contexto los perpetradores fueron los “otros”. Ellos (perpetradores) estaban como los “asesinos”. En ese tipo de análisis académico tú no puedes encontrar nada a cerca de los motivos o la mentalidad de los perpetradores. Ellos fueron una especie de demonios en estos libros. Mi contribución o la de las nuevas generaciones es que desarrollamos un tipo de análisis del Genocidio Armenio desde el punto de vista de los perpetradores. Tratamos de representar, explicar las mentalidades de los perpetradores, por qué ellos cometieron este genocidio, desarrollar un análisis a cerca de las razones de los crímenes puede hacer una idea de ello. Este es un cambio importante con mi investigación también.
El segundo cambio importante es que no consideran el Genocidio Armenio como un evento en el vacío o en la aprobación de algo sólo por sí mismo. Ahora creemos que el Genocidio Armenio fue parte de un programa más amplio, y la nueva escuela trata de entender el proceso entero, dentro de un contexto de una política demográfica. Creemos que las autoridades otomanas establecieron un plan que tenía por objetivo cambiar la estructura poblacional de Anatolia. Y el Genocidio Armenio fue parte de eso. Entonces, esto es una nueva tendencia en la investigación del Genocidio.

E. – Con respecto al Conflicto del Nagorno Karabagh, ¿Usted considera que es más importante la autodeterminación del pueblo armenio de Nagorno Karabagh o la integridad territorial de Azerbaiyán?

T. A. – No soy un experto en el tema de Nagorno Karabagh y lo que puedo decir es Turquía no debería hacer de esto una precondición para sus relaciones normales con Armenia. Entonces, las relaciones entre Turquía y Armenia no tienen nada que ver con el Conflicto de Karabagh. En lo que respecta al Conflicto de Nagorno Karabagh espero que haya soluciones a dos cuestiones: una es el derecho de autodeterminación del pueblo que vive en ese territorio y la segunda es el derecho de soberanía nacional de Azerbaiyán. Y para mí, lo más importante, si tú me haces una pregunta en general, es que realmente creo que el pueblo azerí tiene el derecho de retornar a su hogar, entonces en este contexto cómo se resolverá este problema, no lo sé.

E. – Muchas gracias por su tiempo prof. Akçam.

T. A. – De nada. Fue un placer.


Avances y retrocesos

Sábado, 04 de diciembre de 2010
Por Osvaldo Bayer

Todo un ejemplo. Un héroe civil. El escritor turco Taner Akçam, que nos acaba de visitar. Enfrentó todo un pasado ignominioso y dijo la verdad. La pagó muy caro, pero su paso digno por el mundo es aplaudido con fervor. Un turco que fue capaz de reconocer el horrendo crimen turco contra el pueblo armenio. Un estudio profundo sobre la matanza de miles de civiles armenios en los años veinte del siglo pasado. Un horror que quiso ser tapado con el silencio o con la hipocresía de negar hasta las fotos de montañas de cadáveres. El cinismo llevado a su máxima hipocresía. El libro de este autor acaba de ser publicado en la Argentina. Se llama Un acto vergonzoso. El genocidio armenio y la cuestión de la responsabilidad turca. Luego de padecer cárcel, este intelectual marchó a Alemania, donde hizo su tesis sobre “El Movimiento Nacional Turco y el genocidio armenio en el contexto de los tribunales militares en Estambul entre 1919 y 1922”. Fue luego profesor de Historia de la Universidad de Minnesota y actualmente lo es de la Universidad de Clark Worcester.

Después de su profunda investigación, ya nadie podrá negar el bestial crimen turco contra el pueblo armenio. Documento tras documento, testimonios, órdenes militares, publicaciones oficiales, todo se transcribe en este libro y quedan irrefutables las pruebas. Claro, después de este escrito, a las autoridades turcas le quedan estos caminos: el de reconocer el espantoso genocidio, pedir las disculpas internacionales debidas, reparar el daño irreparable, porque se trató de la muerte, y acabar con el cinismo de desconocer la increíble brutalidad contra un pueblo entero. Además, luego de leer este profundo libro, uno se pregunta: ¿cómo fue posible encubrir la masacre? En el libro de Taner Akçam está también la respuesta. Es como si en la Argentina se hubiera escondido la infamia de la desaparición de personas. Sabemos que hubo muchas intenciones en ese sentido. Como el silencio que cubrió durante décadas los fusilamientos de peones patagónicos en los años veinte del siglo pasado, hasta que quedó todo al descubierto. Aunque todavía el partido radical, gobernante durante esos hechos, no ha tenido el coraje civil de hacerse una profunda autocrítica, actitud que siempre resulta positiva para la verdadera democracia.

En la visita que el talentoso intelectual turco Taner Akçam acaba de hacer a la Argentina se produjo un hecho por demás auspicioso y de gran simpatía. Ocurrió en la Fundación Luisa Harabedian, donde el escritor fue a una reunión entre nietos del genocidio armenio y nietos de las Abuelas de Plaza de Mayo. Unos treinta jóvenes comprometidos en la historia de Armenia y de la Argentina. Al final declararon que existió “una unión ética y moral que tomó forma de acción y reflexión” en este encuentro. Acción y reflexión, dos enseñanzas. Los verdugos y asesinos de Turquía y de la Argentina no habrán pensado nunca que algo así podía ocurrir. Es que ellos ignoraron que siempre, siempre, la ética y la justicia finalmente triunfan, aunque pueda pasar mucho tiempo en llegar a concretarse. Los verdugos que tratan de esconder sus crímenes siempre quedan finalmente desnudos ante la Historia.

Como este otro hecho muy positivo sucedido la pasada semana. Los miembros del Concejo Deliberante de Morón resolvieron sesionar en el local de la Biblioteca Popular de Castelar para mantener el contacto con sus representados. Allí, en ese ambiente donde los libros nos miraban a todos, el Concejo sesionó con la asistencia del pueblo de Morón. Se trató el cambio del nombre de una calle, Ataliva Roca –el hermano del genocida de los pueblos originarios general Julio Argentino Roca–, por el de Delicia Córdoba, una Madre de Plaza de Mayo que vive desde hace décadas en ese lugar. El proyecto fue aprobado por unanimidad por los concejales de todos los partidos políticos. Fue una jornada plena de emoción. Hubo calor popular y sentido de la verdadera democracia. Ataliva Roca no fue otro que un especulador de tierras que cobraba “comisiones” en los negociados de su hermano, el general. Por eso, Sarmiento inventó en su diario el verbo “atalivar”, que en idioma sarmientino significaba “coimear”.

Delicia Córdoba, la Madre de Plaza de Mayo ahí presente, agradeció con palabras que emocionaron a todos y dedicó el homenaje a sus hijos desaparecidos.

También, muy cargado de la emoción del pueblo fue el acto en el cual se le cambió el nombre, en Sarandí, a la escuela llamada nada menos que Policía Federal por el de Floreal Avellaneda, el adolescente –alumno de esa escuela– víctima de una acción de los denominados “grupos de tareas” de la última dictadura. En ese acto, el representante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, José Schulman, se preguntó ante los docentes, alumnos, padres de esos alumnos y vecinos de la escuela: “¿Podría haber algo más simbólico que dejar de llamarse esta escuela Policía Federal Argentina para pasar a llamarse Floreal Avellaneda? ¿Y acaso puede haber algo más simbólico que la escuela vecina se llame Azucena Villaflor, la primera Madre que llegó a la Plaza de Mayo para reclamar por los hijos desaparecidos?”. Y recordó al “Negrito” Avellaneda, como lo llamaban todos, “que luchó por el boleto estudiantil, por más presupuesto para las escuelas, por los derechos de los jóvenes y porque estaba convencido de que no es fatal que en el país del trigo y de la carne haya niños que pasan hambre y los indios sean asesinados por pretender cultivar la tierra que habitan desde hace miles de años”.

El cadáver del “Negrito” Avellaneda fue encontrado en las costas uruguayas, con torturas y pruebas de que fue empalado. Evidentemente, fue lanzado desde un avión al río, como era costumbre en esos años por parte de los militares y marinos de guerra.

Algo ha cambiado en la Argentina. El pueblo va tomando conciencia paso a paso. Que una escuela que llevaba el nombre de esa institución policial pase a tomar el nombre de ese adolescente mártir de sus ideas de progreso es todo un ejemplo para el futuro. Poco a poco vamos tomando conciencia de lo que son los verdaderos valores éticos de la vida humana por los cuales vale luchar.

Pero, claro, luego de estas noticias gratificantes nos enteramos de los hechos de Formosa. Otra vez fueron atacadas las tierras comunitarias de los pueblos originarios, la colonia toba La Primavera, en Formosa. En el ataque cayó muerto el dirigente de ese grupo étnico y, al defenderse ellos, cayó un policía atacante. Y quedaron destruidas decenas de viviendas de los residentes de esa comunidad, amén de otras instalaciones. No puede ser así. Nunca más esos procedimientos para con las comunidades de los pueblos originarios. Después de las experiencias históricas debemos aplicar otros métodos. Primero, ante todo, respetar sus tierras comunitarias y no basarse en que “no tienen títulos de propiedad”. Si llegara el caso en que la Justicia cree tener razón, entonces iniciar conversaciones, llamar como testigos a las organizaciones de derechos humanos y a sus abogados y dialogar para encontrar soluciones. No enviar ni a la Gendarmería ni a la policía a tiro limpio o a quemar viviendas y dejar tierra arrasada. El caso de Formosa, que acaba de ocurrir, está claro. El señor Celía, un colaborador de la última dictadura militar de la desaparición de personas, es el que gritó “esa tierra es mía, mía, mía”. Y allí mismo el ataque. Parece un film del Lejano Oeste. No, así no. El caso de las tierras comunitarias debe ser tratado, como decimos, en otras esferas muy informadas. Y donde se tengan en cuenta los intereses de esas familias, los de sus hijos y las oportunidades de trabajo.

No al milico con palo y pistola que grita “¡Indio de mierda!”, sí a la experiencia de siglos que nos habla de la injusticia con que se trató a los pueblos hijos y ocupantes de estas tierras por siglos y siglos antes de que arribaran los que vinimos de los barcos. Además, la Justicia tiene que preguntarse: ¿para quién la tierra? ¿Para el extraño con relaciones en “las altas esferas” con plata en el bolsillo o para numerosas familias que viven en comunidad, con sus hijos, sus tradiciones, su cultura? ¿Para quien canta a la Pachamama y saluda al sol en esas latitudes desde hace siglos o para el señor Benetton que fabrica ridículas camisetas en el Norte italiano y gana billones? Al señor Celía, a los políticos comprometidos con el asalto, a los milicos golpeadores, yo les cantaría hoy en la cara: “Ved en trono a la noble Igualdad, Libertad, Libertad, Libertad”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-158030-2010-12-04.html

sábado, 24 de abril de 2010

Gramsci y el genocidio armenio Por Osvaldo Bayer

Por Osvaldo Bayer
Otro nuevo aniversario de uno de los mayores crímenes de la humanidad: el genocidio armenio cometido por Turquía. La muerte de miles y miles de niños, mujeres y hombres en manos de esbirros y de aquellos que se creían dueños de la vida y la muerte. Para recordar esto –como lo hacemos siempre para mantener la memoria de las injusticias y el terrorismo de Estado– reproduciremos hoy un hallazgo, un documento sobre ese genocidio, hasta hoy nunca publicado. Es un artículo sobre este tema del gran teórico político Antonio Gramsci, muerto en las cárceles de Mussolini. Uno de los pensadores más lúcidos del siglo pasado. Y más todavía, el artículo va con una presentación del escritor y periodista Emilio Corbière, quien nos dejó para siempre no hace mucho y quien fue el que hizo este verdadero hallazgo. Leamos primero a su presentador, Emilio Corbière, y luego la fundamental opinión de Antonio Gramsci:
“Antonio Gramsci y la cuestión Armenia”, por Emilio Corbière:
“Gramsci tenía 25 años cuando escribió su condena del genocidio armenio en el marco de una Europa conmovida por la guerra, pero ignorante de la terrible tragedia que vivían los armenios masacrados sin piedad por los turcos. Quien sería la mentalidad más esclarecida del marxismo occidental, político, pensador, periodista, organizador, demostró con su actitud franca ante el genocidio sus firmes convicciones humanistas.
“Bien pudo afirmar Benedetto Croce, en 1947, sobre el mártir antifascista Gramsci: ‘Recomendaba años atrás a los jóvenes comunistas napolitanos, armados de un catecismo filosófico escrito por Stalin, levantar los ojos a las estatuas que hay en Nápoles de Tomás de Aquino, Giordano Bruno, Tommaso Campanella, Giambattista Vigo y otros grandes pensadores nuestros y dedicarse a llevar la teoría comunista, si podían, a aquella altura y empalmarla a aquella tradición. Pero ahora les señalo no una estatua de mármol sino un hombre conocido en persona por muchos de ellos y cuyo recuerdo deberían mantener vivo por algo mejor que el vacuo sonido de su nombre: Gramsci’.
“De esa altura moral fue Gramsci, a quien, con acierto, Croce comparó con el Aquinante, con Bruno –también mártir– y con Vico. Es importante recordar esta página inédita del político y filósofo de izquierda, por dos razones. La primera, para destacar su ferviente humanismo; la segunda, porque el genocidio armenio todavía es una llaga lacerante en la historia de la civilización de nuestro tiempo.
“Cuando la mayoría callaba, o era indiferente, el joven Gramsci condenó el genocidio y llamó la atención desde una modesta hoja socialista regional, llamando la atención sobre el drama que culminaría con más de un millón y medio de armenios asesinados.
“Pocas voces se habían levantado contra la agresión desde fines del siglo XIX. Los franceses Anatole France y Jean Jaurès habían hecho escuchar sus demandas aisladas. También en el campo socialdemócrata alemán lo hicieron el judeoalemán Eduard Bernstein y la revolucionaria polaca Rosa Luxemburgo. Sin embargo, se trató de testimonios personales, aislados, sin ninguna fuerza como para llegar a la conciencia de los gobiernos y las monarquías europeas. El Papa romano, los líderes religiosos, los príncipes, los gobiernos republicanos, todos callaron.
“Bernstein, en su escrito, denunció que la mano criminal había sido turca pero que había complicidades de grandes potencias, entre ellas, Gran Bretaña. El renacimiento cultural y sociopolítico de los armenios a finales y principios de siglo estaba acompañado por un fuerte contenido nacional y revolucionario. Aseguraba que muchas cancillerías y políticos imperialistas creyeron ver el fantasma de la revolución socialista que venían anunciando los intelectuales y militantes de esa concepción en el centro de Europa y en el Este eslavo, y que la misma se podría producir en Armenia. En 1915 el drama culminó con el genocidio, sobre el cual los armenios reclaman ahora justicia y verdad.
“El 11 de marzo de 1916, en el semanario socialista El Grito del Pueblo, Antonio Gramsci, descendiente de italianos y albaneses, hace un llamamiento a favor de los armenios. El periódico había aparecido dos años antes y en la misma época que escribió su nota sobre los armenios, publicó, muy joven, su célebre trabajo ‘Socialismo y cultura’. Gramsci había nacido el 22 de enero de 1891, en el seno de una humilde familia de Ales, Cagliari, isla de Cerdeña. Se afilió muy joven al Partido Socialista Italiano y sus primeros trabajos políticos los editó El Grito del Pueblo. Posteriormente dio vida al órgano de las Juventudes Socialistas, La Ciudad Futura, y pasó a encabezar la posición de izquierda del PSI. En 1919, desde las páginas de L’Ordine Nuovo defendió los consejos de fábrica durante el proceso revolucionario vivido en el Turín rojo. Al año siguiente, convertido en líder e ideólogo del movimiento consejista, publicó su tesis ‘Por una renovación del Partido Socialista’.
“En 1921 encabezó con Bordiga y Togliatti, después del Congreso de Livorno, el Partido Comunista Italiano, cuya secretaría pasó a ocupar.
“Político, diputado, publicista, permaneció preso en las cárceles de Mussolini desde 1926, cuando fue detenido a pesar de su inmunidad parlamentaria, hasta su muerte, ocurrida el 27 de abril de 1937. El fiscal fascista, en su alegato, había afirmado: ‘Tenemos que impedir durante veinte años que este cerebro funcione’.
“Pero, a pesar de su martirologio, el líder comunista logró trascender su encierro con su firme conciencia de intelectual y político revolucionario. De esa época datan sus Cuadernos de la cárcel, que desglosados en seis volúmenes reúnen sus estudios sobre: El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Los intelectuales y la organización de la cultura, El resorgimento, Notas sobre Maquiavelo, la política y el Estado moderno, Literatura y vida nacional y Pasado y presente.
“La importancia de Gramsci en el siglo XXI, especialmente para el socialismo en los países del Tercer Mundo, y, en general, para el mundo occidental, cada día se reafirma más.”

Una página inédita

A continuación, en forma íntegra, el artículo juvenil de Gramsci sobre la cuestión armenia, publicado en El Grito del Pueblo, el 11 de marzo de 1916:
“Es siempre la misma historia. Para que un hecho nos interese, nos toque, es necesario que se torne parte de nuestra vida interior, es necesario que no se origine lejos de nosotros, que sea de personas que conocemos, de personas que pertenezcan al círculo de nuestro espacio humano.
“En Padre Goriot, Balzac hace formular a Rastignac la siguiente pregunta: ‘Si cada vez que comiese una naranja, muriera un chino, ¿desistiría usted de comer naranjas?’. Y Rastignac responde más o menos lo siguiente: ‘Las naranjas están cerca de mí, yo las conozco, los chinos están tan distantes que no sé si realmente existen’.
“Tal vez nunca llegaremos a dar la respuesta cínica de Rastignac. Entre tanto, cuando vimos que los turcos masacraban a millones de armenios, ¿sentimos el mismo dolor agudo que experimentamos cuando somos testigos del sufrimiento y la agonía, o cuando los alemanes invadieron Bélgica? Es una gran injusticia no ser reconocido. Eso significa quedar aislado, cerrarse en el propio dolor, sin posibilidad de contar con el apoyo de afuera o de la comparación. Para una nación significa la desintegración lenta, la anulación progresiva de los lazos internacionales. Significa ser abandonado, quedar indefenso frente a los que no tienen razón, pero sí tienen espada y dicen cumplir un deber religioso a través de la destrucción del infiel. Así, en sus momentos más dramáticos, Armenia solamente recibió unas pocas expresiones verbales de conmiseración y de repudio a sus ejecutores. ‘Las masacres armenias’ se tornaron proverbiales, pero fueron apenas palabras que sonaron huecas y fallaron en configurar las imágenes de hombres de carne y hueso. Hubiera sido posible obligar a Turquía –dependiente como era de todas las naciones europeas– a no atormentar a quienes tenían como único deseo ser dejados en paz.
“Nada fue hecho, o por lo menos nada que produjese resultados concretos. Apenas Vico Mantegazzo citó, ocasionalmente, a Armenia, en sus prolijas divulgaciones sobre política oriental. La Primera Guerra Mundial levantó, una vez más, la Cuestión Armenia, más sin mucha convicción. Cuando Erzerum cayó en poder de los rusos la retirada de los turcos de los territorios armenios recibió en nuestra prensa menor espacio que el dedicado al aterrizaje del Zeppelin en Francia.
“Los armenios que están desplegados por Europa debían habernos hablado sobre su país, su historia, su literatura. Lo mismo que aconteció en Persia, ocurrió con Armenia. ¿Quién sabe que los grandes árabes (Avicena, Averroes y otros) son en verdad persas? ¿Quién sabe que casi todas las cosas que pertenecen a la civilización árabe son en realidad persas? O aún más, ¿cuántos de vosotros tenéis conciencia de que todos los esfuerzos recientes para modernizar Turquía se deben a los judíos y a los armenios?
“Los armenios deberían haber hecho conocer Armenia. Deberían haberla traído a la vida y a las mentes de los que la ignoran, que nada saben a su respecto y que por eso no le tienen simpatía.
“Por Osvaldo BayerAlguna cosa está siendo hecha en Turín. Una revista llamada Armenia está siendo publicada, y a través de diferentes colaboradores se habla sobre el pueblo armenio: quiénes son, qué quieren, en qué se pretenden transformar.
“En ese proyecto, debe ser incluida la publicación de varios libros que introduzcan más persuasivamente y con mayor fuerza a la historia, la cultura, la poesía y la lengua del pueblo armenio.”
Hasta allí Gramsci. Siempre un adelantado. Siempre con los que sufren. Los argentinos, en los organismos internacionales, debemos luchar para que Turquía reconozca su genocidio en todos sus detalles. Nosotros, que en nuestro territorio ocurrió el nefasto método de la “desaparición de personas”, uno de los peores crímenes masivos de la historia de la humanidad, la llamada “muerte argentina”, tenemos ese deber de conciencia.